sábado, 12 de marzo de 2016

Mensajes de familiares de pacientes al profesional de UCI

Hoy les quiero recomendar un blog de intensivos que radia mucha humanidad Curar a veces, aliviar a menudo consolar siempre, y en él me encontré esta entrada donde de forma muy emotiva familiares de pacientes que están ingresados en la UCI narran algunas de su vivencias:
Querido médico, enfermera, auxiliar…:
Sé que te sorprendo a veces con mi actitud, que puede parecerte desconfiada, e incluso desafiante. Compréndeme: mi hermano ha ido de mal en peor, todo se ha complicado una y mil veces hasta terminar en la UCI, en una situación que no entiendo, con un montón de monitores que me aturden y con todos esos tubos… ¿Cómo no voy a desconfiar de la Medicina, así, en general? No estaba preparado para esto (¿alguien lo está?). Eso me hace reaccionar a veces de un modo extraño, en el que ni yo mismo me reconozco. Me tranquiliza saber que lo has visto en otros familiares y no me lo tendrás en cuenta.
Perdona si el primer día irrumpí exigiendo explicaciones y buscando culpables. Era solo un mecanismo de defensa, una forma de  ganar tiempo para hacerme a la idea de lo que estaba pasando. Todo sucedió tan de repente… Gracias por no juzgarme entonces (ni ahora).
Es posible que nunca te haya dado los buenos días cuando entro a la sala de información. Estoy concentrado en tu gesto, intentando adivinar si las noticias de hoy serán buenas o malas. Necesito prepararme. Necesito que seas tú el que me tiendas la mano e inicies la conversación. Necesito que me sonrías y me dejes abierta la puerta a la esperanza. Necesito que me hables con serenidad, que resuelvas todas mis dudas, incluso las más absurdas, necesito que me dejes llorar o me transmitas con un gesto la fortaleza que no tengo. Necesito que me ocultes tu prisa, que me hagas pensar que tienes todo el tiempo del mundo para mí. Tu lenguaje no verbal me dice mucho más de lo que crees: te necesito cercano y acogedor. Necesito tus palabras y, a veces, necesitaré también tus silencios.
Cuando salpicas tu información de palabras incomprensibles para mí (sé que te es difícil evitarlo), me desconciertas. A  veces no sé si es bueno o malo lo que estás contando. En ocasiones ni siquiera soy capaz de repetirlo a los que me esperan fuera, o de buscarlo en Internet. Pero si me das la oportunidad de preguntarte mis dudas, si me invitas a pedirte más explicaciones, podré entenderte y marcharme mucho más tranquilo. Necesito que te adaptes a mí, a mi edad, a mi nivel cultural, a mi implicación emocional con tu paciente, a mi situación de bloqueo provocada por la preocupación. Por favor, no te enfades si te pregunto lo mismo varias veces. Solo quiero asegurarme de que te estoy entendiendo bien.
Cada mañana, ten en cuenta que no sé nada desde ayer, que han pasado más de 12 horas y he pensado muchas veces en lo peor. Recuerda que, probablemente, no he dormido bien y estoy irritable. No olvides que esos diez minutos de retraso en la hora de la información o de la visita (sé que estabas atendiendo a otro paciente, sí) fueron para mí horas. Tus palabras serán para mí como un veredicto, que me hará mantener la esperanza o hundirme en la desesperación. Elígelas con cuidado.
Sé franco conmigo, incluye en tus explicaciones tus dudas, las complicaciones que se presenten o los límites con los que la Medicina se topa. No te restará autoridad ante mis ojos, sino que, más bien, me ayudará a descubrir tu lado humano. Y ten por seguro que eso me hará bien.
No pienses que desconfío de tus cuidados cuando pido algo con insistencia para mi madre. Yo no sé qué alarmas son importantes y cuáles no, por eso me pongo nervioso si no vienes enseguida. Quizá, si me lo explicas, la visita nos tranquilizará a ella y a mí, en lugar de ser un momento aún más tenso. 
No sé si te has dado cuenta de lo importante que fue para mí que me animaras a hablar con mi esposa inconsciente, a cogerle la mano o a besarle. Hasta ese momento había pensado que podría provocar algún estropicio. Gracias por permitirme participar en sus cuidados, por dejar que fuera yo el que le diera la cena, por mirar hacia otro lado cuando se acabó la hora de visita para que pudiera quedarme con ella, que estaba especialmente inquieta. Quizá sean las últimas veces en las que pueda prestarle algún servicio, y lo guardaré siempre en mi memoria como un tesoro.
Claro que sé que ese gesto impaciente, esa palabra cortante o esa queja apenas reprimida se deben a la tensión que soportas, a que llevas muchas horas sin dormir, a que el sistema no te trata bien. Pero mi dolor es tan grande que lo ha llenado todo y no soy capaz de interpretarlo así. En estos momentos, tu brusquedad me hace daño. Sé que te pido algo casi heroico, pero te agradeceré tanto que dejes tus problemas en la taquilla para centrarte en los de mi hijo enfermo… No me importa que llores, eso no. Pero intenta ser amable, también cuando yo no lo haya sido. Especialmente entonces.
Aunque nunca te lo haya dicho, agradezco todo lo que haces por él. Desde lo más estrictamente profesional hasta ese gesto delicado, esa broma para animarle, ese detalle para que esté más cómodo. Agradezco que te pares a hablar conmigo, que me animes, que hables con mi padre aunque no te pueda escuchar, que te saltes los horarios establecidos para hacérmelo más fácil. Probablemente no soy consciente de muchas cosas, pero me doy cuenta de que estás haciendo todo lo posible. 
Desde hoy, eres alguien importante en mi vida. Seguramente te recuerde siempre, independientemente de cuál sea el desenlace. Intenta ser un recuerdo amable en medio de tanto sufrimiento. Facilítame, si llega el caso, el momento de la despedida. Tendré que vivir con ese peso toda mi vida. Procura que tu cercanía en esos momentos quede para siempre en mi memoria como un bálsamo para mi dolor. 
Termino ya. No sin antes recordarte que, aunque no sepa expresarlo, incluso aunque nunca te lo llegue a decir, agradeceré siempre tu trato humano, tu sonrisa amable, tus palabras serenas, tus cuidados atentos. Gracias por tu saber y tu profesionalidad pero, sobre todo y ante todo, gracias por tu humanidad. 
Solo quería que supieras esto que, probablemente, nunca me atreveré a decirte.
Atentamente,
Un familiar de tu paciente.